Los mejores pinchos de las Siete Calles de Bilbao, según mis contactos de Facebook

Pinchos

El presente artículo recoge las opiniones que me han dejado diferentes personas contestando a una pregunta que lancé en Facebook, tanto en mi perfil personal, como en el grupo “Bilbao, capital del mundo”. Como era de esperar, dada la confusión existente entre Siete Calles y Casco Viejo, una gran mayoría de respuestas se refieren a establecimientos ubicados fuera del ámbito de Las Siete Calles y no las he considerado de interés para el artículo, que tiene otros objetivos, por lo que no las cito, aunque, si tienes interés, se pueden consultar en la red social, así como los diferentes perfiles personales que han participado con sus respuestas y que en el artículo cito solo con las iniciales, salvo que ellos me digan lo contrario.

PinchosPintxos de las Siete Calles de Bilbao

PREGUNTA

“¿CUÁL ES PARA TI EL PINCHO MÁS RICO Y SABROSÓN DE LAS SIETE CALLES?

Un poco aburrido de leer recomendaciones de pinchos que siempre dirigen a las mismas zonas del Casco Viejo, tengo la intención de escribir un artículo sobre “Los mejores pinchos de las Siete Calles”, pero como no me apetece nada hacer el papel de “influencer” y, para ser justo, probar toda la variedad de pinchos existente, me gustaría que el artículo recogiera las opiniones de otra gente que conozca el material de primera mano.
Si te apetece colaborar, sirve con una breve descripción, acompañada de los datos del bar donde se sirve, aunque sería la bomba poder disponer también de una foto del pincho. Solo pido que el bar esté dentro de las Siete Calles o, como mucho, en las limítrofes de La Ribera, Ronda, Pelota o La Torre y que no se trate de alguna franquicia o similar.
¿Me ayudas?”

RESPUESTAS

SOMERA

  •  M. D. B. – Los champis del bar Motrikes de Somera, imprescindibles.
  • E. L. M. – Siete calles? Bufff!!! Difícil… Los champis del Motrikes. Por decir algo a bote pronto.
  • E. A. – Ummm Y qué me decís de las tortillas del k2!!!
  • I. I. –  … y champi del motrikes en Somera.
  • E. R. – Pues en el k2 tienen un rulo de ajos tiernos y setas de tortilla con cebolla crujiente que flipais
  • M.E. Las rabas del zirikaldi de somera y ahora albondigas individuales rellenas de boletus con su salsita

ARTEKALE

  • I. O. – Los bokatas de bonito, antxoas y alegrias del Joserra
  • J. C.sin duda el bonito con divisa de bodega Josera en el Cantón de Artekalle

TENDERÍA

  • P. S. – Retolaza c/Tenderia la tortilla de patatas buenisima y el txipi con cebolla se sale

BELOSTIKALE

  • L. L.Las hamburguesas del “ISIPIL“, en Belosticalle , estan de rechupete, llevan pan focaccio y la carne con poca grasa y hechas en su punto.

CARNICERÍA VIEJA

  • A. A. N.
En carnicería vieja el bakalao de café 91 rico rico
En carnicería vieja el bakalao de café 91 rico rico
  • S. U. O.En la plaza Santiago hay buenos pintxos, sándwiches excelentes y un montón de cosas que te hacen volver…se llama el Bizuete
  • …y el otro es el bizu-bi…Y un trato extraordinario

BARRENKALE

  • E. K.   – la tortilla del Epelde en Barrenkale…
  • …el txipiron encebollado y la berenjena con cebolla caramelizada y queso de cabra del Luciano

BARRENKALE BARRENA

  • O. K.
La ley Seca
Me gusta mutxo “La ley seca” sus empanadillas enormes..el bar es vintage genial😊

PELOTA

  • I. P. – La tarta de chocolate del Lamiak. Un poco cara, pero muy rica!
  • E. K. – La croqueta de Basaras en la calle pelota
  • G. M. – Ahora leo bien, difícil reto. Creo que no hay un pintxo que sea extraordinario en los bares de estas 7 calles . Muchos son correctos y están bien, pero no veo extraordinarios. (y conozco los bares)
    La Antxoa del Basarás (si se considera la c/Pelota)
  • M. O. – Los de la peña del athretic

LA TORRE

  • E. K. La golfa del Ormaetxe

Con un poco de suerte, los bares recomendados aparecerán en el plano directamente señalados en rosa fuerte con unos corazones. De no ser así, darle en ampliar imagen y se abrirá otra ventana en la que sí aparecen. De esta forma no hay manera de perderse, si están bien ubicados por Google, que no siempre es así, aunque, al menos, andará cerca.

Artekale 26. Haciendo memoria

Carnicería halal, en la actualidad

En la actualidad ocupa el local una carnicería halal en la que se puede también comprar fruta, dulces y otros variados artículos de alimentación. Sin embargo, la lonja, como tantas otras del barrio, tiene una larga trayectoria a sus espaldas. Por el local han pasado distintos negocios a lo largo del tiempo, sin embargo, si alguno marcó época en ella, ése fue el de los Almacenes Antonio Guisasola. Si quieres conocer algunos detalles más de su historia, continúa leyendo.

Carnicería halal, en la actualidad
Carnicería halal. Artekale, 26 en la actualidad

Los almacenes Antonio Guisasola fueron uno de los comercios textiles más importantes de Bilbao y emblemático dentro de las Siete Calles. Sito en el número 26 de la calle Artekale, debió de nacer a finales de los años 30 o principios de los 40, alcanzando su mayor esplendor en las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo.

En su interior se podían adquirir todo tipo de tejidos, así como ropa de hogar, que, con la llegada del Prêt-à-porter, terminó siendo su especialidad, así como también distintos artículos propios de la mercería. En el almacén se atendía tanto a la venta mayorista, en el primer piso, como al detalle, en la lonja.

En un principio, el establecimiento ocupó las dos lonjas del inmueble, las cuales se encontraban separadas por la escalera central de acceso a los pisos superiores destinados a vivienda, pero, con posterioridad, unió las dos lonjas en una, trasladando el portal al extremo derecho del edificio, tal y como lo podemos ver en la actualidad. En las obras de reforma no se escatimaron gastos, cambió la estructura del edificio en sus primeras plantas, las cuales reforzó con vigas de hierro que sustituyeron a las anteriores de madera, consiguiendo así una hermosísima lonja totalmente diáfana, cosa infrecuente en las Siete Calles, ya que la gran mayoría de las casas de la zona conservan sus primitivas estructuras de madera, las cuales requieren un mayor número de pilares para la sustentación del edificio. En la fachada, mármol rojo travertino importado desde México, el cual todavía se conserva y merece la pena observar, aunque se encuentre algo deteriorado; las lunas de los escaparates eran de una sola pieza y modeladas en las esquinas, algo inaudito en nuestros días, aunque, desgraciadamente, tuvieron que ser sustituidas con posterioridad, es de suponer que a causa del tiroteo al que fueron sometidas en el año 1982, por lo que a día de hoy ya no es posible su disfrute. Al fondo del local una majestuosa escalera, que se abría en abanico, daba acceso a la primera planta que también fue remodelada en su totalidad, uniendo los dos pisos existentes y dejándola totalmente limpia y sin columnas. Sobre la escalera central una impresionante vidriera, con el escudo de armas del propietario, presidía todo el recinto comercial. Con los años, los almacenes se fueron expandiendo a la altura de este primer piso por los edificios colindantes y, según se dice, a esta altura se podía transitar de cantón a cantón sin salir del almacén, lo que puede dar una idea de la magnitud que llegaron a alcanzar.

Imagen del estado de los almacenes de Antonio Guisasola tras el tiroteo
Imagen del estado de los almacenes de Antonio Guisasola tras el tiroteo ´- La Gaceta del Norte – 1982

En la década de los 80 visité con cierta asiduidad estos almacenes y, la verdad, todavía entonces conservaban el aire “vintage” de los años 40 que hoy haría las delicias de los más exigentes amantes de lo vetusto. En el centro del local, un potente mostrador donde se exhibían diferentes artículos, y en la cabecera del mismo, al fondo, Don Antonio, sentado en alto, vigilaba la buena marcha del negocio. A los lados, dos grandes mostradores parapetaban a los prolijos dependientes que pacientemente atendían la incesante afluencia de clientela que no era, ni mucho menos, escasa. Junto a la entrada, un pequeño mostrador servía de soporte para la caja, la cual permanecía protegida tras un cristal sobre el que se abría una pequeña ventanilla con bordes latonados para permitir el trasiego de efectivo. En el primer piso, otros trabajadores atendían la venta al por mayor y preparaban los pedidos pendientes de servicio para los clientes minoristas de las numerosas tiendas que entonces existían en pueblos y barrios de nuestra geografía. Al fondo, junto a los ventanales que dan a la calle, las oficinas de administración y la caja.

En los años 90, a los pocos años del fallecimiento de D. Antonio Guisasola, suceso que, por cierto, aconteció en el propio establecimiento, mientras D. Antonio permanecía al pie del cañón, trabajando, el negocio cerró y por el local pasaron diversas empresas en los años posteriores, aunque ya solo constaba de lonja y primer piso. Almacenes Sancho estuvo algún tiempo allí ubicado, hasta su quiebra, pero será Blancolor, que abrió en la lonja un comercio especializado en la venta de alfombras, el que permanecerá en Artekale, 26 durante más tiempo, hasta que, aproximadamente en 2012, trasladó la sección de alfombras a sus locales de la calle Tendería, habiendo permanecido cerrada la lonja desde entonces hasta el año pasado, momento en el que se produjo la apertura de la carnicería que ya he comentado al inicio.

 

Reflexiones sobre comercio y espacio peatonal en las Siete Calles

Siete Calles Bilbao, espacio peatonal

Este artículo no pretende hacer un estudio categórico y definitivo acerca del impacto que sobre la actividad comercial  del barrio ha tenido la peatonalización del Casco Viejo de Bilbao, sino más bien hacer una serie de reflexiones personales, procurando acercarme lo más posible al sentido común, acerca de este espinoso asunto.

Peatones
Peatones

La peatonalización del Casco Viejo se inicia a principios de los años 70 del pasado siglo con el cierre al tráfico rodado de cinco de las Siete Calles: Somera, Artekale, Tendería, Belostikale y Carnicería Vieja, aunque no sería hasta 1980 cuando se declare oficialmente peatonal todo el conglomerado de calles del Casco Viejo de Bilbao. Sin embargo, el conjunto de medidas disuasorias contra la utilización del vehículo privado, con la  intención de acercarse al barrio, no terminaron entonces, habiéndose llegado en la actualidad a una situación en la que resulta imposible detener el coche legalmente en todo el perímetro transitable del Casco Viejo. Asimismo y por otro lado, las zonas más próximas al recinto comercial en las que podemos aparcar un coche, además de estar relativamente alejadas, ofrecen muy pocas plazas de aparcamiento. Serían la calle Prim, Iturribide, Fika o Solokoetxe del lado de Begoña y el barrio de Miribilla y Bilbao la Vieja, en la otra ribera de la ría. Por supuesto, también disponemos de otra opción como es la de aparcar en el Parking del Arenal, asumiendo, claro está, su coste monetario. En esta tesitura, parece que, en principio, el uso del transporte privado para acercarse al parque comercial de las Siete Calles queda descartado por complejo y difícil. Se hace prácticamente imprescindible el uso del transporte público, al menos para las personas que no viven en el entorno accesible andando.

Nadie puede poner en duda los beneficios que proporciona una ciudad peatonal. Son indudables sus ventajas:

  • Reduce la contaminación, tanto ambiental como sonora
  • Mejora la calidad de vida de los viandantes que pueden, de esta manera, disfrutar más y mejor del espacio urbano
  • Es un aliciente más para el turismo, ya que hace más agradable el paseo por las calles
  • Aumenta la seguridad vial
  • Fortalece las relaciones interpersonales
  • Reduce el estrés de habitantes y trabajadores de la zona
  • Favorece la pérdida de peso de los habitantes al verse obligados a caminar más, con lo que mejora su salud, etc…

No obstante, en la gran mayoría de argumentarios favorables a la peatonalización que, para cada caso particular, se utilizan a modo de justificación de proyectos concretos y exclusivos, a esta lista de loables y saludables efectos positivos, se añade siempre el impacto beneficioso que sobre el pequeño comercio local tienen estas medidas de prohibición del tráfico rodado. Y es aquí donde discrepo.

En primer lugar, soy consciente de que, en muchas ocasiones y en determinados núcleos urbanos, las restricciones al tráfico rodado son necesarias e inevitables. De la misma forma, no dudo de los innumerables beneficios que reporta al bien común de la ciudadanía. De lo que dudo, es de que, como aseveran muchos, estas medidas sean beneficiosas para la vida comercial, siempre y en todo lugar . Y de ejemplo, un botón:

“Una calle sin tráfico, sin ruido, bien comunicada gracias al transporte público es una garantía de éxito para los ciudadanos y el pequeño comercio.”

¿Podría la persona que ha escrito esto certificar la frase para el caso concreto y particular de nuestras Siete Calles? Si trazáramos una linea que reflejara el grado de peatonalización del Casco Viejo a través del tiempo, desde los años 70 a nuestros días, y otra que reflejara, para el mismo periodo de tiempo, el desarrollo comercial del barrio, ambas lineas se irían separando progresivamente. Mientras que la primera iría en sentido ascendente, la segunda, sin duda alguna, sería machaconamente descendente. No parece, por tanto, que una calle sin tráfico, sin ruido sería discutible y bien comunicada por el transporte público, sea garantía de éxito para el pequeño comercio. Es cierto y soy consciente, sin embargo, de que estos datos, por si solos, no establecen una correlación entre ambos fenómenos. No podemos establecer una relación de causa y efecto pero, al menos, sí podemos concluir que la peatonalización no garantiza, allí donde se implanta, ni siquiera, el mantenimiento de la vida comercial previamente existente.

Siete Calles Bilbao, espacio peatonal
Siete Calles Bilbao, espacio peatonal

Y es que el caso de cada ciudad, cada distrito y cada calle, es distinto, aunque, en mi opinión, existen tres factores fundamentales que determinan, en clave comercial, el éxito o fracaso de un proceso de peatonalización, factores que están íntimamente relacionados con la necesidad, siempre subjetiva, de la utilización del vehículo privado en el proceso de compra y que pienso que han influido decisivamente en el declive comercial de las Siete Calles.

  1. Una primera circunstancia que determina la actividad económica de un centro comercial urbano concreto es, en mi opinión, la proximidad o lejanía que el mismo tiene a la zona más cercana transitable en vehículo privado y el grado de dificultad que tiene el acceso a esta zona. No es lo mismo una calle peatonal rodeada de calles transitables en coche, que otra alejada 15 minutos o más del tráfico rodado. Ya hemos visto la contundente realidad que, a este respecto, presentan las Siete Calles; hay otros ejemplos del mismo Bilbao, que nos sirven para ilustrar la segunda alternativa, y que muy bien pudieran ser la calle Ercilla o la Gran Vía, oasis peatonales en el mismísimo centro de la jungla urbana bilbaina. De cualquier forma, también sería necesario apuntar que, en ellas, aunque con la peatonalización se les ha dotado de una importante pujanza comercial, al mismo tiempo, se ha producido un considerable descenso del pequeño y mediano comercio tradicional, que se ha visto sustituido masivamente por distintas franquicias y firmas comerciales sin raigambre local.
  2. Un segundo elemento, estrechamente vinculado con el anterior, y que resulta insoslayable a la hora de abordar el tema que nos ocupa, es el de la existencia de otros centros comerciales alternativos, ubicados en la periferia metropolitana, con un alto grado de afinidad con la cultura automovilística y que son competencia directa de los centros comerciales urbanos peatonales.
    Hoy en día, todos mantenemos opiniones favorables para con el ecologismo, y el respeto al medio ambiente es incuestionable; sin embargo, el uso habitual del coche particular está cada vez más extendido en nuestra vida cotidiana, por lo que no es de extrañar que también el consumidor opte mayoritariamente por el uso del transporte privado para realizar sus compras, sobre todo las concernientes a productos de uso cotidiano y de fondo de armario. Y como cada vez es más escaso el tiempo de que disponemos para comprar, ya que estamos allí…pues aprovechamos y compramos de todo.
    De todas maneras, siempre me he preguntado que si tenemos en cuenta que el acceso a estos centros comerciales supone generalmente para el consumidor hacer unos recorridos en coche más largos que los necesarios para acceder al centro urbano por los mismos medios, no sé si con el cambio habremos conseguido reducir en algo la contaminación o, simplemente, la hemos trasladado de ubicación. Doctores tiene la Iglesia.
  3. Teniendo en cuenta los dos aspectos comentados anteriormente, no parece que la vida comercial de las Siete Calles se haya beneficiado demasiado de su actual estado peatonal. Descartada como está la afluencia en vehículo particular al conglomerado comercial de las Siete Calles, nos quedaría por analizar si su grado de influencia en el entorno más próximo es suficiente para aprovechar todo su potencial. Es decir, si el conjunto de consumidores que descartan el uso del automóvil para realizar sus compras y para los que resulta relativamente asequible acceder a las Siete Calles, bien andando, o bien a través del transporte público, es suficiente para poder mantener abierto el parque de lonjas existentes actualmente en el barrio. A ojo de buen cubero, me parece que no.
    En el Casco Viejo de Bilbao viven unas 7.500 personas, lo que supone un 2% del total de habitantes de la villa y, aunque es verdad que la zona posee un fuerte atractivo, tanto para el resto de bilbainos como para el público proveniente de la provincia y el turismo, lo cierto es que el número de lonjas comerciales cerradas crece cada día. Y es que mientras el ocio no parece estar reñido con la vida peatonal, la actividad comercial sí, como reconoce el propio ayuntamiento:

    “A pesar esta importante atractividad, su actividad comercial se ha visto especialmente afectada por la crisis económica, con una pérdida entre 2007 y 2015 del 23% de los establecimientos comerciales (5 puntos por encima de la media de Bilbao).
    De forma paralela, el número de establecimientos de hostelería ha crecido en el mismo período un 6%, al contrario de la tendencia de Bilbao, en la que la disminución global fue del 8%.”

    Yo diría que la disminución de la actividad comercial del Casco Viejo, sobre todo en las Siete Calles, es muy anterior a la crisis, pero vaya, aunque sea un poco tarde, parece que el Ayuntamiento por fin se ha percatado de la situación y propone una serie de soluciones. Ojalá sirvan para algo y no sea demasiado tarde.

Hoy se cumplen 37 años de un trágico suceso que conmocionó Bilbao

Calle Tendería Nº 3 en la actualidad

Si hoy visitamos el número 3 de la calle Tendería, no encontraremos ni el más mínimo rastro del trágico suceso que aconteció en este mismo lugar, tal día como hoy, de hace 37 años.

Sucedió durante el mediodía del lunes 26 de Enero de 1981, cuando la vida transcurría con absoluta normalidad en las Siete Calles de Bilbao y la mayoría de los comercios estaban a punto de terminar su jornada laboral de mañana. La misma cotidianidad imperaba en los grandes almacenes Martín Aldazabal, comercio dedicado a la venta de telas y confecciones variadas, el cual se había trasladado desde su ubicación original en Carnicería Vieja a ésta actual, en el año 1953. Sin embargo, como sucede casi siempre en todas las tragedias, en un instante la rutina se convirtió en horror. A la una y diez saltó una chispa dentro de las entonces novedosas instalaciones de aire acondicionado del local y en un momento las chispas se convirtieron en potentes e imparables llamas.

Martín Aldazabal
La Gaceta del Norte (Fotos Amala y Cecilio hijo)

El incendio fue devastador y los almacenes, que constaban de planta baja y cuatro pisos, quedaron totalmente destruidos. Los daños materiales fueron extraordinarios y se calcularon, sólo en existencias, unas pérdidas de unos 200 millones de las antiguas pesetas (unos 4 millones de euros, actualizando el valor). Pero lo más trágico fue el fallecimiento de dos de las empleadas del establecimiento que, estando en los pisos superiores, no tuvieron tiempo de ponerse a salvo. Las víctimas del incendio fueron Mirentxu Garrido Rico, de 21 años de edad y Mari Carmen Murga Orive, de 37, y que, según sus compañeras, debían estar cambiándose de ropa para salir del trabajo. Afortunadamente, los otros diez empleados del comercio presentes, así como el público que se encontraba en la tienda en aquel fatídico momento, lograron ponerse a salvo rápidamente y no sufrieron daño alguno. A pesar de que la plantilla era de unos 24 trabajadores, la mitad de ellos había salido a la una, por lo que se encontraban ausentes cuando se inició el incendio sobre la una y diez del mediodía.

El incendio se originó, como ya hemos dicho, en el sistema de aire acondicionado situado a la altura del techo de la planta baja y se propagó rápidamente por los conductos de la instalación que debieron actuar como si fueran auténticas chimeneas. Si además tenemos en cuenta que aquellos años fueron los más felices para el Tergal y su fibra preferida, el poliéster, los textiles almacenados en el edificio también debieron favorecer mucho la propagación del incendio. Curiosamente, esa misma mañana había pasado un técnico a revisar la instalación, “ya que metía un ruidito”. Así se  lo comentaba uno de los empleados de la empresa al redactor de La Gaceta del Norte.

Aldazabal
La Gaceta del Norte (Fotos Amala y Cecilio hijo)

Aunque los bomberos llegaron con prontitud al lugar de los hechos, el incendio había adquirido ya unas proporciones desmesuradas. Colaboraron en su extinción hasta 60 efectivos de los parques de bomberos de Bilbao, Getxo, Galdakano y Durango.  Intentaron acceder al interior del inmueble, pero la magnitud de las llamas, de hasta seis metros de altura, según cuentan las crónicas, lo hacía imposible. Se emplearon dos escalas gigantes y durante muchas horas se estuvo vertiendo agua sobre el edificio e incluso se echó mano del agua de la ría ya que no era suficiente con las abundantes bocas de riego que había en la zona, pero las llamas no cedían. Los pisos se fueron derrumbando uno a uno, hasta que a las ocho menos cuarto de la tarde y ante el peligro de derrumbe de la fachada que se había abombado alarmantemente hacia la calle, la pared fue abatida con una grúa de Aldaiturriaga armada con una enorme bola y se consiguió que los escombros cayeran en su mayor parte hacia el interior del inmueble. A las diez de la noche, el fuego no había sido todavía controlado en su totalidad.

Ante el peligro de que se extendiera el fuego, fueron desalojados numerosos edificios colindantes con el siniestrado : Los números 1 y 5 de Tendería, los portales 2, 4 y 6 de Belostikale, así como las casas de Tendería que quedaban enfrente de los almacenes siniestrados, fueron desocupados en su totalidad. Los vecinos afectados fueron alojados, en un primer momento, en diferentes pensiones y casas particulares del barrio que se prestaron a darles cobijo. La mayoría, no obstante, tardaría bastante tiempo más en poder regresar a sus hogares, ya que los daños producidos, tanto por el agua de los bomberos como por el fuego en si, fueron considerables en estos edificios próximos al incendiado y colapsado.

Calle Tendería Nº 3 en la actualidad
Calle Tendería Nº 3 en la actualidad

El solar permaneció vacío durante bastantes años, hasta que en 1991 se levantó el bonito edificio del arquitecto Juan Carlos Sinde Etxebarría que hoy podemos observar en el mismo lugar que ocupó aquel otro y al que, según parece, se añadió el Nº 5, aunque no sé si como consecuencia del mismo desastre o por otras circunstancias, pero lo cierto es que a día de hoy no existe el Nº 5 de Tendería. Un edificio que, por otro lado y aunque no sea siempre frecuente, resulta muy respetuoso con el entorno urbano que le rodea.

 

Están desmantelando la “terraza” del Mercado de la Ribera

Somos muchos los que sobre esta terraza hemos hecho comentarios negativos, y es que no parece muy de recibo que un espacio público termine siendo utilizado por un particular de forma exclusiva.

Terraza en La Ribera
Operarios trabajando en el desmantelamiento de la supuesta terraza de La Ribera

Parece razonable que los establecimientos hosteleros puedan sacar terrazas a la calle, dentro de unos límites, pero lo que no resultaba normal era que se hubiera instalado un nuevo local en un espacio que se supone es de disfrute público y para todos los ciudadanos, porque la instalación que ahora se está desmantelando no se retiraba cuando el bar estaba cerrado, como sucede con cualquier terraza, sino que utilizaba el espacio las 24 horas del día, los 365 días del año. Es decir, se había apropiado del espacio peatonal para su uso y disfrute exclusivo. Eso no es una terraza, sino una extensión del propio bar. La instalación contaba con mostrador e, incluso, cafetera propia.

Al parecer, el local ya había sido multado con 1500 € por el Ayuntamiento de Bilbao y tenía otros tres expedientes abiertos en el consistorio. junto a otro en la Agencia Vasca del Agua / Uraren Euskal Agentzia, URA, y aunque desconozco cuál ha sido la causa que ha motivado el desmantelamiento del establecimiento, la verdad es que resultaba incomprensible que siguiera campeando a sus anchas durante más de un año, cuando a todas luces resultaba inapropiado.

Quedamos a la espera de nuevas noticias y de comprobar cómo se resuelve el contencioso.